DESARROLLO EVOLUTIVO,  EN EL BLOG,  PEDAGOGÍA WALDORF

El primer septenio

Como ya he comentado anteriormente, la pedagogía Waldorf divide la vida en septenios, y en cada uno de ellos aparecen determinadas necesidades y capacidades que el adulto debe acompañar con consciencia.
En el primer septenio que abarca de los 0 a los 7 años hemos de tratar de mostrar al niño “la bondad del mundo” y para ello nos serviremos del ambiente y de nosotros mismos, pues los adultos somos parte fundamental del ambiente.
En esta etapa, el niño es un ser sensoriomotriz que percibe el mundo a través de sus movimientos y sus sensaciones. El objetivo de la educación Waldorf en esta etapa será preparar un ambiente que invite a la exploración y el juego donde nutrirlo de experiencias positivas significativas.
En estos primeros siete años el niño va a llevar a cabo sus aprendizajes por imitación, absorbiendo e integrando en su ser lo que percibe del exterior sin filtro consciente o de razón, de ahí la importancia de presentar un ambiente con marcados ritmos y rutinas donde él pueda fluir y el adulto dar ejemplo. Pues no es solo importante que hace el adulto sino cómo lo hace. La belleza de su gesto, de su andar, la alegría en su hacer y en su mirar, y el respeto constante en su obrar.
Los aprendizajes más importantes de nuestra vida se llevan a cabo en esta etapa, el niño aprenderá a andar, a hablar y a pensar, y ninguna otra actividad debe distraerle de alcanzar estas metas. Por eso en las escuelas Waldorf los aprendizajes intelectuales como la lectoescritura comienzan al final de este primer septenio.

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