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Llegando a los seis años, toda una revolución.

En unos meses, Aarón cumplirá 7 años, cerrando así su infancia, su primer septenio. No ha sido una etapa fácil, y me temo que aún nos quedan días difíciles, pero desde el conocimiento y la empatía, es más fácil acompañar y criar desde la consciencia y el respeto.
Hoy os traigo una adaptación de este texto de The Magic Onions, en el que nos habla acerca de los seis años. Espero que os guste tanto como a mi. 
Cuando los niños y niñas se acercan a los seis años, algo ocurre en su interior. De hecho, ocurren muchas cosas entre los 5,5 y los 7 años, tanto a nivel físico y sensitivo, como a nivel emocional e intelectual. Parece que alguien hayaa cambiado a nuestro dulce niño, por un pequeño adolescente rebelde e irreverente. Es la llegada de la “preadolescencia”.Y es que , todos estos cambios que están experimentado, se proyectan hacia el exterior, en su relación con la familia y con los amigos, en su comportamiento en casa y en la escuela. Será sin duda, una época agitada, en la que los pequeños demandarán nuevos límites, nos pondrán a prueba usando un lenguaje poco apropiado, rebatiéndonos sin cesár, contando quizás pequeñas mentiras e incluso, faltándonos al respeto en algunas ocasiones. Pero, no hay por qué alarmarse. Es el momento de ser firmes, y establecer límites claros desde el respeto, la comprensión y el amor. De éste modo, ellos volverán a encontrar su equilibrio poco a poco.
En este período, sus sentimientos están a flor de piel, de modo que hemos de ser cuidadosos a la hora de comunicarnos con ellos, pues algunos comentarios que en otros momentos pasarían desapercibidos ahora pueden herirles y convertirse en un drama. En esta etapa, son muchos los niños que siente que “todos son malos con ellos”, que “son diferentes”, o que “no tienen amigos”. Hemos de ser precavidos con estos momentos y relativizar la situación. Podemos mostrarnos compasivos y ayudarles a ver que ese momento pasará y todo volverá a la normalidad. 
También ocurrirá más a menudo de loq ue podamos imaginar que nuestro hijo “no quiere ir al colegio”, esto es algo puntual que acontece en esta etapa, no debemos darle excesiva importancia pues una vez allí todo transcurre con normalidad, aunque si tenemos la ocasión, podemos comentarlo con su maestra para que nos de feedback a la salida sobre cómo ha transcurrido la jornada.
A nivel intelectual, un mundo nuevo se abre ante ellos. Hasta ahora sus fuerzas vitales se habían centrado en formar sus órganos y su cuerpo, pero ahora, estas fuerzas son liberadas hacia el intelecto y los sentimientos. Ahora son capaces de comprender más cosas, y su curiosidad es infinita, ¿que es el universo?¿cómo se creó la Tierra?¿de dónde nació la primera planta?. Pero cuidado, porque aún no están preparados para explicaciones racionales, largas y complejas. 
Ya cerca de los siete años, es probable que se acerque el doloros momento en que se pierde la magia de la primera infancia, ¿exiten las hadas, los Reyes Magos, el ratoncito Pérez, Papá Noel?.
Por otro lado, ahora son mucho más conscientes de ellos mismos, como un ser individual, lo que les llevará a alejarse de nosotros, y esto puede ser duro para ambas partes. Para ellos aflorarán una serie de sentimientos encontrados entre la libertad y la soledad. Para nosotros como padres, podemos sentir que se alejan, pero hemos de ser fuertes y tener valor, confiar y permitir que nuestro pequeño adolescente se transforme con plenitud en el ser que ha venido a ser aquí.
En cuanto al juego, hasta ahora venía dado por el exterior, veía un objeto, pensaba como usarlo para jugar y lo hacía. Pero ahora el juego surgirá de su inspiración interior. En su mente aparecerá una escena y buscará los objetos necesarios para llevarla a cabo. Pasará más teimpo creando estos escenarios que jugando en ellos. Debido a que hora la inspiración para el juego viene de dentro, no nos será extraño oir a los niños aquello de “me aburro”, no te preocupes, todo está bien. Permítele que se siente consigo mismo a esperar que llegue su inspiración. Si se impacienta o se pone nervioso, pídele que te ayude con alguna tarea doméstica, limpiar el polvo, barrer, cargar la lavadora, tender ropa, pelar o cortar verduras o frutas… pasado poco tiempo ayudándote, encontrará su equilibrio y llegará la inspiración para el juego.
En esta atapa, nos encontraremos también con un nuevo despertar de la sexualidad. Los niños y niñas juegan a caballeros y princesas, reyes y reinas, papás y mamás… Es probable que alguna vez encuentres a tu hijo con los pantalones bajados, no te alarmes, los niños fueron creados para ser seres sexuados. Sólo necesitan orientación sobre cuales son los comportamientos adecuados. Explícaselo con un tono de voz neutral, firme y amoroso.
Quizá esta etapa pueda parecer un tanto caótica, ya que sus mentes infantiles están en constante expansión. Ahora más que nuca debemos ser adultos ejemplares en su presencia, dignos de ser imitados, trabajar con afán y alegría, comportarnos con buenos modales, ser compasivos, agradecidos, amorosos y creativos. Hemos de proporcionar a nuetsros hijos trabajos significativos con herramientas reales, pelar y cortar frutas y verduras, rastrillar el jardín, regar las plantas, cuidar de las mascotas… Y también proporcionarles desafíos físicos. Permitir que escalen y suban árboles, que salten piedras, que hagan carreras de obstáculos o jueguen a hacer equilibrios como en el circo… No hemos de olvidarnos de ser útiles y bondadosos con los otros. Ayudar a un vecino o colaborar en casa con alguna responsabilidad doméstica es esencial para desarrollar en el niño el sentimiento de pertenencia y comunidad. Y por supuesto despertar un sentimiento de agradecimiento hacia los otros y hacia la vida en general.
Es una etapa de cambios, de crecimiento, de experimentación, de confusión y de mucha sensibilidad. La mejor manera de guiar a tu hijo es conocer lo que está ocurriendo, ser empática, firme y amorosa y mantener unas rutinas y un marcado ritmo en casa. Permite a tu hijo crecer y experimentar, buscar nuevos desafíos y ofrécele un tierno abrazo y un cobijo seguro cuando lo necesite. Debes buscar un equilibrio entre límites y libertad cómo lo harás en la adolescencia. 
Hazle saber que no está solo.
Y tu, ¿recuerdas tus seis años?.

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